La selección de Irán debutó en el Mundial 2026 entre dos realidades radicalmente distintas.
En Los Ángeles, hogar de la mayor diáspora iraní fuera de Irán, parte de la afición recibió al equipo con abucheos, silbidos durante el himno nacional y banderas previas a la Revolución Islámica de 1979.
En Tijuana, donde el equipo tiene su campamento base, la recepción ha sido prácticamente opuesta. La selección ha encontrado muestras de apoyo, mensajes de bienvenida y aficionados mexicanos respaldando a Team Melli.
El contraste quedó resumido por el propio técnico iraní, Amir Ghalenoei, tras el empate 2-2 ante Nueva Zelanda en el SoFi Stadium.
Ghalenoei elogió la calidez de México, uno de los países anfitriones. Destacó que numerosos mexicanos acudieron al estadio de Los Ángeles para apoyar a Irán.
“El pueblo mexicano, el gobierno mexicano y, especialmente, la gente de Tijuana, nos hizo sentir como en casa”, dijo.
Las tensiones que se vivieron en Los Ángeles tienen raíces mucho más profundas que el futbol. La ciudad alberga a cientos de miles de iraníes e iraní-estadounidenses, una comunidad conocida informalmente como “Teherángeles”.
Muchos llegaron después de la Revolución Islámica de 1979. Otros son descendientes de familias que huyeron del régimen.
Antes del partido, decenas de aficionados ingresaron al estadio con la bandera del león y el sol. El símbolo representó a Irán antes de la llegada al poder de los ayatolás y hoy se ha convertido en emblema de la oposición.
Algunos grupos también abuchearon el himno nacional iraní y celebraron los goles de Nueva Zelanda.
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Para muchos integrantes de la diáspora, el uniforme nacional está inevitablemente ligado a un gobierno al que responsabilizan por la represión de protestas masivas y la muerte de miles de manifestantes en años recientes.
El movimiento “Mujer, Vida, Libertad” surgió tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, una joven detenida por presuntamente portar de forma incorrecta el hiyab. Desde entonces, organizaciones de derechos humanos han denunciado ejecuciones, encarcelamientos y una violenta campaña contra activistas, estudiantes y mujeres que desafían las restricciones impuestas por el régimen.

Mientras tanto, al sur de la frontera, la conversación ha sido muy distinta.
La selección iraní se vio obligada a establecerse en Tijuana debido a restricciones migratorias impuestas por Estados Unidos. Aunque el equipo ha denunciado complicaciones logísticas y largos traslados, los jugadores aseguran haber encontrado una recepción cálida en Baja California.
Afuera de su hotel y centro de entrenamiento han aparecido aficionados mexicanos portando banderas iraníes y mensajes de apoyo. Incluso durante el partido en Inglewood hubo numerosos mexicanos alentando a Irán.
Así, mientras Los Ángeles convirtió el debut mundialista en un escenario de protesta política, Tijuana se ha transformado en un inesperado refugio para una selección atrapada entre el futbol y las divisiones de la geopolítica.
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La tensión para la selección iraní no terminó con el silbatazo final.
Tras el empate ante Nueva Zelanda, la delegación iraní denunció que fue obligada a abandonar Los Ángeles inmediatamente después del partido para regresar a su concentración en Tijuana.
El entrenador Amir Ghalenoei calificó la situación como una carga adicional para un equipo que ya enfrenta restricciones migratorias, largas horas de traslado y la ausencia de parte de su personal de apoyo. Varios integrantes de la delegación no recibieron autorización para ingresar a Estados Unidos.
“Nos dijeron que teníamos que salir de inmediato”, reclamó el técnico iraní.
Según el cuerpo técnico, el equipo esperaba pasar la noche en California para recuperarse físicamente antes de volver a Baja California. Sin embargo, las autoridades únicamente autorizaron su ingreso al país para disputar el encuentro.
Los jugadores también señalaron que el viaje entre Tijuana y Los Ángeles, una distancia relativamente corta, terminó convirtiéndose en una jornada de varias horas debido a los controles fronterizos y de seguridad.
“Creo que nuestro equipo es probablemente el más oprimido de todo el Mundial”, dijo Ghalenoei.
Las restricciones estadounidenses continúan complicando la participación de Irán en el torneo. Pero la selección asegura haber encontrado al otro lado de la frontera una bienvenida muy distinta.
En un Mundial marcado por la política y la división dentro de la diáspora iraní, Tijuana se ha convertido inesperadamente en uno de los pocos lugares donde la selección ha encontrado un respiro.
“Nos vamos a quedar en Tijuana”, recalcó Mehdi Mohammad Nahi, Vicepresidente de la Federación de Futból de la República Islámica de Irán.
“Si no se han cansado de nosotros, nosotros nos queremos quedar”.
