El pasado jueves el partido fue una “montaña rusa emocional patrocinada por el estrés”. Mientras San Miguelito jugó con la energía de un equipo que lo da todo porque no tiene nada que perder, el Galaxy salió con la presunción de que el escudo bastaría para ganar.
Lo más grave no fue el 1-1 en sí, que dejó una sensación extraña –ni derrota total, ni el golpe de autoridad deseado–, sino la actitud. En el fútbol internacional, la inercia no gana partidos. Mientras San Miguelito corría cada balón como si fuera el último, el Galaxy parecía esperar que el gol llegara solo.
Aquí reside el punto incómodo: el Galaxy, por su historia y recursos, no puede permitirse conformarse con competir a medias. Un empate contra un rival teóricamente inferior no es una catástrofe, pero sí una enorme llamada de atención.
Si el equipo aspira a cosas serias, necesita urgentemente recuperar el carácter, el liderazgo y el hambre real. Talento hay de sobra, lo que brilló por su ausencia fue la personalidad y sin personalidad, el equipo se queda en eso: un equipo bonito, sí, pero completamente inofensivo.
Desde la partida del Chicharito, el equipo ha perdido la actitud y la dominancia que lo caracterizaban. Cuando mencionan “El Galaxy”, ya no proyecta esa sensación de ser imponente. Prefiero quedarme con el LA FC.
La hinchada, aunque siempre está ahí, ya está harta de promesas y de ver chispazos de calidad que no duran nada.
Permitir que se relajen es un lujo que ni su legado ni su gente pueden darse. Toca dejar de ser un ‘equipo bonito’ y volver a ser ese equipo que mete miedo y domina desde el primer minuto.
-Un fifas
