Una investigación publicada esta semana por The New York Times revela nuevas acusaciones de abuso sexual contra César Chávez, el histórico dirigente sindical que durante décadas ha sido considerado uno de los símbolos más importantes del movimiento por los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos.
El reportaje, basado en entrevistas con más de 60 personas — entre ellas excolaboradores, familiares y antiguas integrantes del movimiento campesino — así como en documentos internos, correos electrónicos, fotografías y grabaciones de reuniones sindicales, describe un patrón de presunto abuso sexual contra mujeres y menores que habrían ocurrido durante décadas dentro del entorno de la organización que él fundó.
“No le digas a nadie”
Dos de las acusaciones más graves provienen de Ana Murguia y Debra Rojas, hoy de 66 años. Ambas dijeron al periódico Chávez abusó de ellas cuando eran adolescentes que vivían en La Paz, el complejo comunitario en California donde operaba la organización United Farm Workers.
Murguia declaró que el dirigente comenzó a abusar de ella cuando tenía 13 años. Según su relato, Chávez — que entonces tenía más de 40 años — la citaba en su oficina, cerraba la puerta y la tocaba sexualmente. La mujer dijo que los encuentros continuaron durante varios años.
Según Murguia, en la primera ocasión, Chávez la llevó hacia la colchoneta de yoga que solía usar en su oficina para meditar, la besó y le bajó los pantalones. “No le digas a nadie”, le dijo Chávez después. “Se pondrían celosos.”
“Cuando estaba sobre la colchoneta de yoga era cuando intentaba tener sexo conmigo”, dijo Ana Murguía.
Rojas afirmó que Chávez comenzó a tocarla inapropiadamente cuando tenía 12 años y que, cuando tenía 15, mantuvo relaciones sexuales con ella en un motel durante una marcha sindical en California. Recordó que era virgen, que le dolió y que empezó a sangrar. Pero también recuerda el arma que Chávez había dejado sobre el buró junto a la cama. Cada vez que giraba la cabeza la veía, dijo, y eso la aterraba.
“Le pregunté: ‘¿Para qué es eso?’”, contó Rojas. Ella dice que Chávez respondió: “No te preocupes por eso”.
De acuerdo con la legislación estatal, el encuentro constituiría violación por tratarse de una menor de edad.

En una carta escrita a mano en papelería infantil con rosas, Debra Rojas le escribió a Cesar Chávez en enero de 1974, cuando tenía 13 años. La misiva fue enviada más de un año después de que, según su testimonio, él la besara y manoseara por primera vez en su oficina cuando ella tenía 12 años.
“Me da mucho gusto haber podido verte y pasar tiempo contigo, bueno no así, pero solo saber que estaba cerca de ti fue suficiente”, escribió Rojas. “Pienso en ti todo el tiempo. ¿Tú piensas en mí?”
La carta se conserva en los archivos de la Walter P. Reuther Library en Detroit.
“Este hombre por el que marchan cada año abusó de mí”
Años después, Debra Rojas dijo que en ese momento creía que César Chávez quería que ella formara parte real de su vida. Según su testimonio, él le decía que algún día se irían juntos a México y que evitara salir con otros muchachos porque se pondría celoso. También le dijo que la canción I Only Have Eyes for You sería “su canción” y que cada vez que la escuchara recordara que él la amaba.
“Yo sentía amor por él”, dijo Rojas. “Hizo su grooming muy bien. Debería ganar un Oscar por todo lo que hizo.”
Chávez conocía a Rojas desde que ella tenía apenas 8 años. “Quería morirme”, dijo Rojas — explicando que intentó suicidarse varias veces a lo largo de su adolescencia. Debra Rojas dijo que comenzó a ver a un terapeuta a los 16 años, cuatro años después de que empezara el abuso, y que continúa en tratamiento hasta hoy.
“Agarré el hábito de beber”, dijo. “El hábito de los ataques de pánico. El hábito de las malas relaciones.”
Una década después, Rojas escribió en Facebook: “Despierten, gente. Este hombre por el que marchan cada año abusó de mí”.
Ambas mujeres — Murguia y Rojas — dijeron que mantuvieron silencio durante décadas por temor a dañar el legado del movimiento campesino y por la reverencia que rodeaba la figura del dirigente. Las dos afirmaron que las experiencias tuvieron efectos duraderos en sus vidas, incluyendo problemas de salud mental y adicciones.

El reportaje también incluye el testimonio de Dolores Huerta, cofundadora del sindicato junto con Chávez y una de las figuras más reconocidas del activismo laboral en Estados Unidos. Huerta, de 95 años, declaró al periódico que Chávez la forzó a tener relaciones sexuales en la década de 1960. Según su relato, en una ocasión él la llevó a un viñedo aislado cerca de Delano, California, donde la obligó a tener relaciones sexuales dentro de un vehículo. Huerta dijo que no denunció el hecho en ese momento porque temía que las autoridades utilizaran el escándalo para debilitar al movimiento campesino.
Huerta también relató otro encuentro anterior en el que se sintió presionada a mantener relaciones sexuales con él durante un viaje de trabajo.
Según su testimonio, ambos episodios resultaron en embarazos. Posteriormente dio a luz a dos hijos que fueron criados por otras familias. La activista afirmó que mantuvo el secreto durante décadas para evitar afectar la causa por la que había trabajado durante gran parte de su vida.
“Desafortunadamente, utilizó parte de su gran liderazgo para abusar de mujeres y niños — es realmente terrible”, dijo Huerta — quien junto a Chávez popularizó el grito de lucha “¡Sí se puede!”.
“Creo que es algo así como Dr. Jekyll and Mr. Hyde”, dijo entre lágrimas Dolores Huerta al referirse a César Chávez.
La investigación sostiene además que Chávez tuvo al menos cuatro hijos fuera de su matrimonio con Helen Chávez, con quien tuvo ocho hijos reconocidos. Dos de esos hijos serían producto de los encuentros descritos por Huerta.

Además de las acusaciones de abuso y agresión sexual, más de una docena de mujeres describieron al periódico avances sexuales o comportamientos inapropiados por parte del líder sindical. Entre ellas se encuentra Esmeralda Lopez, quien afirmó que Chávez intentó persuadirla para que tuviera relaciones sexuales con él cuando ella tenía 19 años y él 61.
“A veces te veo como a una de mis hijas, pero luego me vienen esos otros sentimientos”, le habría dicho Chávez a López mientras bailaba con ella.
Según su relato, el dirigente sugirió que podría utilizar su influencia para que una calle llevara su nombre si accedía a dormir con él. López dijo que rechazó la propuesta y posteriormente fue despedida de su empleo dentro del movimiento. Las acusaciones fueron corroboradas por personas a quienes las mujeres habían contado los hechos años antes, así como mediante documentos, correspondencia y registros internos de la organización.
Las revelaciones han provocado reacciones inmediatas dentro de organizaciones laborales y autoridades locales en distintas partes del país. La United Farm Workers, fundada por Chávez en la década de 1960, anunció que cancelará las celebraciones anuales programadas para el 31 de marzo, fecha de nacimiento del dirigente, mientras evalúa las acusaciones. En un comunicado, la organización calificó las denuncias como “profundamente perturbadoras”.
Diversas marchas y eventos programados para conmemorar a Chávez también han sido cancelados en ciudades como Austin y Tucson. Funcionarios locales en algunas ciudades, incluida San Francisco, dijeron que comenzarán a discutir si deben reconsiderar el nombre de calles y escuelas dedicadas al activista.
Chávez murió en 1993 a los 66 años. Durante décadas ha sido considerado una de las figuras más influyentes en la historia del movimiento laboral y de los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos. Su imagen — asociada a las huelgas de trabajadores agrícolas, los boicots nacionales y la organización de campesinos migrantes — se convirtió en un símbolo de lucha por derechos laborales y justicia social.
Tras la publicación del reportaje, la familia de Chávez emitió un comunicado señalando que las acusaciones son “profundamente dolorosas” y que respetan a quienes han denunciado abuso sexual. Aunque dijeron no estar en posición de juzgar los señalamientos.
Ahora, tres décadas después de su muerte, las acusaciones descritas en la investigación han abierto un debate incómodo dentro del mismo movimiento que ayudó a construir.
No se sabe si el legado histórico de Cesar Chávez puede separarse — o no — de las denuncias de abuso que, según múltiples testimonios, permanecieron en silencio durante décadas.
