El bypass Tijuana-Ensenada ‘arranca’ en 2026

… o eso dicen.

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La carretera Tijuana – Ensenada — la Escénica — lleva años operando al límite, especialmente en tramos como Salsipuedes, donde el tráfico lento, los accidentes y los cuellos de botella dejaron de ser excepción para convertirse en rutina.

En Baja California hay anuncios que suenan familiares. Promesas de infraestructura que aparecen justo cuando el problema ya no se puede ignorar.

Ahora, la solución vuelve a ponerse sobre la mesa: el bypass Tijuana-Ensenada.

El proyecto plantea la construcción de una ruta alterna de aproximadamente 25 kilómetros, principalmente en el tramo Jatay – Libramiento Ensenada.

Se trata de una autopista de cuatro carriles, con infraestructura proyectada que incluye puentes, entronques e incluso la posibilidad de un túnel. En papel, la obra promete lo que la región lleva años esperando: menos saturación en la Escénica, mayor seguridad vial y una conexión más eficiente entre Tijuana, Rosarito y Ensenada.

El problema no es la idea. Es el momento en el que se presenta.

Autoridades estatales, entre ellas la gobernadora Marina del Pilar Ávila, han señalado que el proyecto podría iniciar en 2026. Pero más allá del discurso, el avance real cuenta otra historia. La Manifestación de Impacto Ambiental sigue en proceso, no existe una licitación concluida ni un contrato adjudicado, y tampoco hay una fecha firme de arranque de obra. Es decir, no hay maquinaria en campo ni calendario definitivo. Lo que existe es una intención política.

La inversión estimada ronda los 4,300 millones de pesos. Sin embargo, se trata de una cifra preliminar sujeta a cambios. El modelo de financiamiento tampoco está completamente definido: podría incluir recursos públicos, esquemas mixtos o concesiones. En este punto, más que un proyecto cerrado, lo que hay es una estructura en construcción administrativa.

En términos de impacto, el bypass busca aliviar uno de los puntos más críticos de la movilidad regional (Tijuana – Ensenada). Y es cierto: una ruta alterna podría reducir la presión sobre la Escénica, especialmente en temporadas de alta afluencia turística o en horarios pico. Pero asumir que resolverá el problema de fondo sería simplificar demasiado. El congestionamiento en esta vía responde también a factores estructurales: crecimiento urbano acelerado, dependencia del transporte carretero y una carga constante de flujo comercial.

El bypass puede ayudar, pero no sustituye una estrategia integral de movilidad.

Además, el proyecto no aparece en aislamiento. Forma parte de una narrativa más amplia de infraestructura en el estado, donde obras como el viaducto en Tijuana también han sido presentadas como soluciones clave, aunque su ejecución sigue desarrollándose por etapas. El patrón es reconocible: anuncios ambiciosos, procesos largos y resultados que tardan en materializarse.

La pregunta no es si el bypass es necesario. Lo es. Tampoco si podría beneficiar a la región. Probablemente lo hará.

La pregunta es otra: si realmente está listo para arrancar en 2026 o si, una vez más, estamos frente a una obra que vive más en el discurso que en el terreno.

Porque en la frontera, entre el ‘se va a hacer’ y el ‘ya se está haciendo’, suele haber más distancia de la que se reconoce públicamente. Y por ahora, el bypass Tijuana-Ensenada sigue en ese espacio intermedio.

— El Vecino Incómodo

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